Si hay algo que caracteriza al ciclo «Noches del Botánico» es su capacidad de crear momentos únicos y especiales entre artistas y público que no podrían darse de otra manera ni en otro lugar. No sólo por la cuidada selección de los artistas y grupos que forman parte del cartel cada verano, si no también por el entorno privilegiado donde se celebra, el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid, que ayuda a crear una conexión difícil de conseguir. Eso es lo que ocurrió el pasado 18 de junio en el concierto que aunaba Toledo y Buenos Aires de la mano de Veintiuno y Silvestre y La Naranja.
Ambas formaciones se conocieron cuando grabaron la canción «Ya no nos hablamos» de los toledanos y desde entonces han creado una bonita relación que tenía que culminar en un concierto tan emotivo como el que nos dieron aquella noche de jueves. Y es que desde antes del comienzo del concierto ya se percibía que iba a ser una noche muy especial para todos los allí presentes.



Fotografías: Eva Jiménez
Los primeros en subirse al escenario fueron Silvestre y La Naranja. Los argentinos ya han estado varias veces en nuestro país, de hecho, les hemos podido ver tanto en festivales (Cosquin Rock Valladolid) como en salas a lo largo de los últimos dos años con sus diferentes giras, la más reciente dentro de su Alter Ego Tour. Pero el concierto que dieron en Noches del Botánico fue diferente y mucho más especial que las anteriores veces que les habíamos visto. No sé si fue por el recinto, por su conexión con Veintiuno o porque los allí presentes teníamos muchas ganas de verles. Sea como fuere, a lo largo de su más de una hora de show, los argentinos consiguieron ganarse al público que iba llenando el recinto de forma progresiva, para terminar completamente inmersos en el universo de Silvestre y La Naranja. Durante el concierto repasaron canciones de sus anteriores trabajos, como Supersticiones, Hechizao, Nunca te calmes, Levitando lento o Loco por vos, por mencionar algunas, así como de su disco más reciente, «Alter Ego», abriendo el concierto con Puerta del Sol y regalándonos también otras como Prisionero perfecto, Océanos, Invencibles o Adicto al Temblor.
Uno de los momentos más emotivos del espectáculo fue cuando Justo, su vocalista, cantó Carta de Amor sentado en el borde del escenario, en una muestra de cercanía con el público, que estaba ya completamente entregado al show de los argentinos, aunque sin lugar a dudas el plato fuerte fue el final, para el que reservaron algunas de sus canciones más conocidas: El instinto, Tu veneno y Fiebre atemporal. Terminando el concierto por todo lo alto y dejándonos con ganas de más. Además, demostraron tener una gran base de fans en España, ya que gran parte de los asistentes no dejaron de cantar y corear cada canción desde que salieron al escenario. Así que desde aquí, nuestra más sincera enhorabuena a la organización del Botánico por traer una propuesta de tanta calidad a esta presente edición.


Fotografías: Eva Jiménez
A continuación, le llegó el turno a Veintiuno, y como ya nos tienen acostumbrados, los de Toledo salieron al escenario dispuestos a hacernos bailar, cantar, sudar y no darnos ni un respiro de principio a fin. A pesar de ser una noche especialmente complicada para Diego, el vocalista del grupo, como bien nos explicó más tarde, confesándonos que habían estado a punto de cancelar el concierto, desde luego que no decepcionaron y se dejaron la piel sobre las tablas sin titubear en ningún momento.
En su repertorio, como no podía ser de otra manera, hubo espacio para canciones nuevas, canciones antiguas y hasta varias colaboraciones. Desde Perder los modales, Irremediable, Troya, Pide un deseo por mí o Vidas pasadas, sus temas más recientes y que adelantan su próximo trabajo, hasta canciones que nunca pueden faltar en sus conciertos como La ruina, Nudes, Mañana lo dejo, o Desvelo, por mencionar algunas, que todos los presentes coreamos a voz en grito sin dejar de saltar y con las emociones a flor de piel. Mención especial para ese Estarás que nos caló hondo y donde Diego se abrió en canal en un momento de verdadera conexión con el público. También hubo un momento para acordarse de los que ya no están con ese guiño al gran Robe Iniesta con La vereda de la parte de atrás que nos dejó sin aliento.
Pero sin lugar a dudas, los momentos más especiales del concierto fueron las colaboraciones: Complicidad con Malena Villa, La La Land con Iván Ferreiro y Ya no nos hablamos con Justo de Silvestre y La Naranja. Y es que para su primer «Noches del Botánico» querían dar un concierto a la altura y, desde luego, que lo consiguieron. Para el final reservaron algunas de sus canciones más aclamadas, como son Cabezabajo, tema desgarrador donde los haya; La Toscana, una de mis canciones favoritas; Dopamina, que siempre da subidón cuando la escuchas; y, por supuesto, La Vida Moderna, que ya se ha convertido en todo un himno de masas y con la que terminaron el concierto por todo lo alto, dejándonos exhaustos pero con una sonrisa en la cara difícil de borrar en mucho tiempo. Gracias, Veintiuno, por la fuerza que nos dais en cada concierto, por entregaros tanto como lo hacéis y por regalarnos una noche de lo más especial que recordaremos siempre. ¡Confiamos en que este sea el primer «Noches del Botánico» de muchos más que vendrán!
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