Diez años, tres días y Ribeira Sacra de por medio: así vivimos el Dezaseteº 2026

Lo prometido en la previa se quedó corto. El Dezaseteº Ribeira Sacra celebraba su X Aniversario, y lo hizo por todo lo alto: tres días entre viñedos, catamaranes, escenarios imposibles y un cartel que no dio ni un solo respiro flojo. Aquí va la crónica, enclave por enclave, concierto por concierto. 

Viernes: el festival empieza en el Sil

Si algo distingue a este festival es que la fiesta arranca antes de que suene la primera guitarra. Y este año lo hizo, literalmente, sobre el Cañón del Sil: el paseo en catamarán que abrió la jornada del viernes fue la mejor manera posible de entrar en materia. Con una copa de mencía en la mano y las bodegas heroicas asomando entre las laderas, ya quedó claro que esta edición iba a ser especial. 

Con esa carga emocional de fondo, la noche en Bodegas Regina Viarum fue de menos a más hasta explotar. Mariagrep & Mundo Prestigio abrieron con esa “hermandad creativa” recién formalizada, una fusión fresca de electrónica y escena urbana que sorprendió a quien llegaba solo de aperitivo y se acabó quedando hasta el final. Después llegó Annie B Sweet, con esa voz luminosa que lleva años siendo una de las señas del pop-folk español: un directo delicado, cuidado, que encajó como un guante con la puesta de sol sobre los viñedos. Y entonces, llegó la noite meiga de Baiuca. Qué manera de cerrar una noche. Álex Guillán volvió a demostrar por qué es la referencia indiscutible de la folktrónica gallega: instrumentos tradicionalesy las voces de cantareiras, conviviendo sin fisuras, con esos visuales hipnóticos y un magnetismo escénico que hizo que el público —que ya estábamos entregados— se olvidara por completo de que eran casi las doce de la noche entre bodegas. Fue, sin exagerar, de los momentos más comentados del fin de semana. La banda sonora del territorio, en su salsa. 

Sábado: catamarán, sol y santuario 

El sábado empezó como el viernes. Nueva sesión de catamarán por la mañana, y repetición por la tarde para quien no se conformó con una sola vuelta al cañón. Entre medias, el Santuario de Nosa Señora de Cadeiras se llenó de vida desde el mediodía con el escenario de acceso libre: Los Invaders pusieron el toque gamberro y bailable, y la sesión de DJ Tristón hizo el resto, manteniendo el ambiente encendido mientras el Mercado Gastro(Arte)Sano llenaba el recinto de aromas a producto local.

Una tarde perfecta de transición, sin prisa, con la Ribeira Sacra desplegada alrededor como el mejor de los decorados. 

Con las pilas cargadas, la tarde-noche en Bodegas Regina Viarum fue el gran plato fuerte de la edición. The Divine Comedy abrieron con esa elegancia orquestal marca de la casa, Neil Hannon demostrando por qué esta era una de sus escasas paradas en España este año. Puño Dragón subió la temperatura con su rock alternativo directo y sin filtros. Y para finalizar los conciertos, Sidonie. Qué manera de convertir un concierto en fiesta pura: himnos indie, psicodelia festiva y ese carisma que llevan veinte años perfeccionando. Presentando además su giro hacia Catalan Graffiti, lograron algo nada fácil: que un público entregado desde el minuto uno acabara todavía más arriba al final. Sencillamente, de lo más divertido del festival. 

Y entre concierto y concierto, y como remate final del sábado un agradecimiento que merece su propio párrafo: Paula Rivero e Isaac Pedrouzo, Rivouzo DJ’s, hicieron que los tiempos muertos dejaran de existir. Su sesión fue puro disfrute, el pegamento perfecto entre artistas, y una de esas cosas que se agradecen doblemente cuando salen tan bien: gracias por lo bien que nos lo hicísteis pasar

Domingo: Chantada cierra con música y arte 

Como manda la tradición (salvando el pasado año), el festival bajó el telón en Chantada, con acceso libre en la Praza do Cantón. Vera Fauna pusieron el indie-pop luminoso de mediodía, esas canciones hechas para dejarse mecer que encajaron perfectamente con el ambiente relajado de última jornada. Y de nuevo Rivouzo DJ’s se encargaron de que el cierre de fiesta no decayera ni un segundo, con una sesión que estiró la sobremesa hasta bien entrada la tarde. Pero el domingo en Chantada no fue solo música. Aprovechando el enclave, hubo hueco para el arte con una visita al proyecto del futuro Museo Manuel Jorge, el Centro de Cultura Contemporánea de la Ribeira Sacra que se está levantando justo en O Cantón, dedicado al legado del arquitecto y pintor chantadino. Ver de cerca cómo avanza este proyecto, pensado para convertirse en un nuevo polo cultural de la comarca, fue el broche perfecto a un fin de semana que ya iba mucho más allá de la música: gastronomía, vino, paisaje y ahora también arte, todo en el mismo territorio. 

El balance 

Diez años dan para mucho, y esta edición lo ha demostrado. El Festival Dazaseteº Ribeira Sacra ha vuelto a confirmar que su fórmula —música de altura, enclaves imposibles, vino y calma— no solo no se agota, sino que cada año encuentra una vuelta de tuerca más. Baiuca magnetizando bodegas, Sidonie convirtiendo un concierto en celebración colectiva, Rivouzo DJ’s cosiendo cada jornada con mimo, y una comarca, la Ribeira Sacra, que vive su mejor momento como destino. Nos vemos en la edición XI.

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