El WiZink Center de Madrid se rinde ante los himnos de adolescencia de Sum 41 y Simple Plan

El pasado 27 de septiembre viajé al pasado. Me colé por una puerta y aparecí en el año 2000, en plena adolescencia, cuando todavía no conocía a Izal ni a Vetusta Morla, cuando en mi reproductor de mp3 (el Spotify de la época) sonaban grupos como Simple Plan, Sum 41, Green Day, Blink 182, My Chemical Romance y similares. Aunque ahora todos nos consideremos muy «indies», me atrevo a decir que todos hemos pasado por esa fase adolescente donde preferíamos el punk-rock a cualquier otro estilo.

Por eso, lo que ocurrió ese día en el WiZink Center de Madrid fue tan importante y significativo para muchos de nosotros. Fue un recordatorio de que el tiempo pasa, de que la vida va demasiado deprisa y no hay tiempo que perder, de que hay que aprovechar cada momento y no perder nuestro niño-adolescente interior.

Debo confesaros que en mi caso no era la primera vez que veía en directo a ambas formaciones. Tuve el privilegio de ver a Simple Plan en 2005 en Las Ventas, en un concierto especial celebrado por la MTV («MTV DAY») y en el que actuaban también otros grupos y artistas como Orishas, Pereza, o El Sueño de Morfeo, entre otros. Todo muy random, sí. Mientras que a Sum 41 los vi en la primera edición del DCODE, allá por 2011, en cuyo cartel figuraban nombres como Kasabian, All Time Low, los mencionados My Chemical Romance y hasta Band of Horses, uno de los mejores carteles que ha tenido el festival hasta la fecha, si me lo permitís.

Pero volviendo al presente, este concierto también era especial por otro motivo: la celebración del 20 aniversario de los álbumes ‘All Killer No Filler‘ y ‘Does This Look Infented?‘ de Sum 41. Dos de los discos más exitosos y emblemáticos de la banda y que más alegrías les han dado desde su publicación. Por eso, la fiesta tenía que estar a la altura, así que qué mejor que llamar a Simple Plan para que fueran la banda invitada de este peculiar tour.

Un aniversario que inauguraron los de Montreal por todo lo alto, demostrando que aunque hayan pasado ya unos cuantos años siguen siendo los mismos chavales que lanzaron su primer disco, «No Pads, No Helmets… Just Balls» en 2002. Tras una introducción al más puro estilo Star Wars, empezaron a sonar los primeros acordes de I’d Do Anything y el público enloqueció por completo, algo que ya se mantendría durante todo el concierto. Después vendrían dos de las canciones más icónicas de la banda, Shut Up! y Jump, en la que Pierre Bouvier, su líder, nos pidió que saltáramos con él «no excepciones», y es que durante toda la noche se esforzó por hablar español, diciendo cosas como «Te quiero, Madrid», «Muchas gracias» o «¿Preparados para la fiesta con Simple Plan esta noche?».

Desde luego que lo estábamos, y es que el WiZink Center se vino abajo a la orden de Bouvier, para después continuar sin apenas descanso con Jet Lag, en el que tuvieron una acompañante femenina, y Your Love is a Lie, recuperando por un momento canciones más recientes de la banda, antes de volver al pasado con Addicted, que debo confesar que era una de mis canciones favoritas y que no me cansaba de escuchar una y otra vez cuando era adolescente, y emocionarnos con uno de los temas más esperados de la noche: Welcome To My Life. Ese momento de todo el público cantando al unísono el estribillo de tan mítica canción fue de lo más emocionante.

Entonces, nos sorprendían estrenando en directo uno de los temas de su último disco, «Harder Than It Looks», Iconic, y es que aunque agradecí enormemente escuchar sus grandes éxitos es cierto que me hubiera gustado también que interpretaran algún tema más de este trabajo, así que espero que regresen pronto, si puede ser con su nueva gira, para poder disfrutarlo en directo.

La fiesta seguía y el verano llegaba al WiZink Center de la mano de Summer Paradise, donde unas pelotas hinchables empezaron a saltar sobre el público, para darle a todo un toque mucho más playero. «¿Quién quiere venir a la playa con Simple Plan?«, nos preguntaba Pierre antes de este inciso veraniego. El verano daba paso a un remix de canciones del año 2000 como Skater Boy de Avril Lavigne, antes de continuar con Where I Belong y I’m Just a Kid, de la que por cierto, se vieron varias camisetas por el recinto con esa mítica frase, para dar paso a dos momentos destacados. El primero, la foto que se hicieron con nosotros, el público, para dejar constancia de la «mejor noche ever», y el segundo, cuando Chuck Comeau (batería), se enfundó en un traje EPI (la seguridad ante todo) y se lanzó al público, para surfear entre ellos antes de volver al escenario mientras Pierre se hacía cargo de la batería de su compañero.

Con tanta excitación, era difícil bajar las revoluciones, pero el concierto llegaba a su fin y qué mejor manera de hacerlo que con Perfect, que comenzó Pierre solo en el escenario, en acústico, antes de darle caña y removernos a todos por dentro cantando eso de «I’m sorry I can’t be perfect». Aquí a más de uno se nos cayó alguna que otra lagrimilla y es que quien no se ha puesto esta canción durante un día malo en su habitación… Gracias, Simple Plan, por este bonito viaje al pasado. Espero que no pase tanto tiempo hasta que nos volvamos a ver de nuevo.

Tras un breve descanso, que aproveché para recuperar fuerzas, llegaba el turno de los anfitriones de la noche, Sum 41, que empezaron fuerte con la caída de un telón que ocultaba el gran busto de demonio a gran tamaño que dominaba el escenario y que nos observaría vigilante durante el resto del concierto (sus ojos y su boca se iluminaban de vez en cuando dándole un aspecto algo siniestro). Un concierto que abrieron con Motivation, The Hell Song y Over My Head, tres de las canciones más conocidas y aclamadas del grupo. Y es que a lo largo del show no dejaron de sucederse los grandes hits de la banda, haciendo que el público no dejara de cantar desde el primer momento.

Con We’re All To Blame llegaron las llamas de fuego y se sucedieron los primeros pogos entre la gente, y es que se notaban las ganas de disfrutar del directo de los canadienses, los cuales, como comentó su líder, Deryck Whibley, llevaban mucho tiempo sin tocar en nuestro país. La noche continuaba subiendo de nivel con canciones como Screaming Bloody Murder o War antes de dar paso a un mush-up formado por temas icónicos de la banda como My Directions, No Brains o Rhythms, que puso al público patas arriba antes de interpretar Underclass Hero, que tantos recuerdos me trae de mis años adolescentes.

Pero aun quedaba mucha noche por delante y muchas canciones emblemáticas que escuchar como Walking Disaster, que empezó en acústico y donde el público iluminó el recinto con las linternas de sus móviles, siendo éste uno de los momentos más emotivos de la noche, With Me o In Too Deep, en la que todos nos dejamos la voz cantando con Deryck y los suyos. El final se acercaba de la mano de Pieces, una de mis canciones favoritas del grupo y que me recuerda en cierto modo a la mencionada Perfect de Simple Plan, para sorprendernos después con una original versión de We Will Rock You, de Queen («no más canciones lentas», nos decía aquí Deryck) y despedirse momentáneamente del escenario con Still Waiting y Hooch.

Para los bises habían reservado No Reason, Mr. Amsterdam y Fat Lip, que no podía faltar en su repertorio y que hizo que la histeria colectiva que reinaba en el ambiente se intensificara aun más, cerrando el concierto por todo lo alto. Un final en el que no faltó el fuego, el confeti, los solos de guitarra y los pases instrumentales, y que nos dejó a todos alucinados y con ganas de más. Pero el concierto aun no había acabado, tras un pequeño momento de confusión en el que la gente no sabía si irse o quedarse, Deryck volvió a salir al escenario por sorpresa y nos dedicó una versión a guitarra de Best of Me, haciendo que volviera a emocionarme de nuevo. «Os queremos, os apreciamos y sois parte de nuestros corazones», con estas palabras Deryck se despedía de nosotros dejándonos con las emociones a flor de piel y deseando que vuelvan pronto a nuestro país con nueva gira.

Y es que, como dije antes, algo que eché en falta es que a pesar de ser un concierto de aniversario, habría sido la ocasión perfecta para verle interpretar junto a Simple Plan Ruin My Life, tema del nuevo disco de los de Montreal en el que colabora Whibley, así que ojalá que esto se haga realidad en algún momento. Aun así, fue un gran concierto en el que todos retrocedimos en el tiempo y volvimos a disfrutar con las canciones que antes nos hicieron tan felices. Gracias Sum 41, gracias Simple Plan y gracias Live Nation por dejarnos formar parte de una noche tan bonita y especial que recordaremos siempre.

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