En esta última jornada, llegamos con tiempo de sobra para ver al primer artista que teníamos marcado en nuestra agenda particular, así que decidimos dar una vuelta por los diferentes escenarios que nos faltaban por conocer. Nos acercamos a ver los escenarios Basoa y Lasai, y también pasamos por el mirador que allí se encuentra, para ver una maravillosa vista panorámica de la ciudad de Bilbao.
De vuelta al resto de escenarios, nos encontramos con una cara conocida e inesperada, nada menos que el artista Rojuu, conocido por muchos (o al menos para nosotros) por sus apariciones en La Resistencia, pero que tenía una faceta musical desconocida para nosotros, pero no tan desconocida para muchos fans entre el público más jóven, que lo demostraban dándolo todo con sus pogos y cánticos.



Fotografías: Samuel García
Después de este reconocimiento festivalero llegamos para ver La Paloma, quien resultó ser la sensación de la jornada. Seguramente la organización del BBK no contaba con ello cuando los ubicaron en el escenario Firestone, el escenario más pequeño del festival, si no contamos los de música electrónica. Ubicado nada más cruzar el control de seguridad el público ocupó buena parte del acceso al recinto, con su euforia desmedida y sus pogos provocó retenciones en la misma puerta del festival, con el consiguiente efecto llamada de todos los que entraban en ese momento para disfrutar de la última jornada musical. Fue muy curioso ver hace pocos meses a este grupo en una pequeña sala de Ourense con un público reducido, pero con buen gusto, y luego verlos rodeados de tanta gente.


Tras estos momentos de euforia desmedida, caminamos los escasos 20 metros que nos separaban del escenario de enfrente, ya que llegaba el turno de otra de las joyitas de la jornada, bajo nuestra humilde opinión, Cala Vento. Fueron muchos los que esperaban con ansia el momento de ver a este dúo catalán hacer de las suyas sobre el escenario y sólo lo abandonaron cuando le tocó el turno a uno de los grandes destacados de la jornada. Nosotros abandonamos un poco antes de lo que nos hubiera gustado a estos grandes músicos, porque no queríamos dejar pasar la ocasión de ver a sus paisanos lo más cerca posible del escenario.



Mientras disfrutábamos de los últimos rayos de sol se subían al escenario nada más y nada menos que Love of Lesbian. Este veterano grupo no necesita presentación. Su concierto fue pura magia, lleno de canciones que todos los amantes del indie conocemos y pudimos corear juntos. El carisma de Santi Balmes sobre el escenario y sus comentarios en favor de un mundo más justo para todos fueron muy laureados entre el numeroso público que allí estaba presente, más significativo si cabe, teniendo en cuenta que el siguiente grupo que actuaba era el otro gran cabeza de cartel del festival.



Y llegó uno de los momentos más esperados de todo el festival, el directo de Arctic Monkeys. Un carismático Alex Turner fue el responsable de agrupar a la gran mayoría de los 120.000 espectadores que acudían al BBK, a simple vista el concierto con mayor afluencia de público de todo el festival. Eso sí, desde nuestro punto de vista y no siendo los mayores fans del grupo, creemos que faltó algo de más energía durante parte del concierto. Es cierto que cuando cantaban temas más antiguos y populares el público estallaba a cantar y corear los temas, pero con los nuevos singles eso no pasaba tanto. Quizás solamente sea que no hubo el tiempo suficiente para aprender sus canciones, quién sabe.


Pero el festival no terminó aquí. La música salvaje de Idles hizo que entendiera por qué vi a una persona entre el público con una camiseta del Resurrection Fest, este grupo lo justificaba totalmente. Su fuerza musical, la agresividad de sus canciones y una puesta en escena acorde a su música hizo que el público se estremeciera y entrara en cólera llevando al guitarrista por los aires, formando pogos y haciendo volar las cervezas. Sin duda, el concierto más salvaje de toda la edición.



Seguidamente acudimos a otra de nuestras citas obligadas, para nosotros un fin de festival perfecto al ritmo de Arde Bogotá. Esta banda nunca nos defrauda y esta ocasión no fue la excepción. Vivimos este concierto como si fuera el primero, aunque a estas alturas ya conozcamos todas sus canciones al pie de la letra. Poco más se puede decir de este concierto que: ¡Gran grupo, mejor directo!

Si habéis llegado hasta aquí os preguntareis por qué no hemos mencionado nada de la oferta gastronómica del festival. Y la respuesta es sencilla, tenías dos opciones o ver los conciertos o comer y perderte, con suerte, uno o dos conciertos nada más, y es que las colas en todos los foodtrucks eran más grandes que el espacio de la mayoría de los escenarios. Esto a lo mejor se explica con la siguiente declaración de los propios organizadores: “Más de 120.000 personas han disfrutado de los conciertos desde el jueves hasta el sábado batiendo el récord de asistencia de la pasada edición”. Esto también afectó a las colas en el resto de servicios dentro del recinto del festival.
Hasta aquí nuestra crónica del BBK 2023, esperamos con ansias la edición del próximo año, para ver con qué artistas nos van a sorprender.
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