En el mes del amor por excelencia, miles de tortugas acudimos veloces el pasado sábado 17 a una cita ineludible: el reestreno de Maldita Nerea en Madrid con su nuevo álbum «Manual para seres maravillosos». Reencontrarse con ellos significa volver al pasado para escuchar aquellas canciones que nos han acompañado en nuestra juventud, arropado en las primeras rupturas amorosas o recordando la alegría de la Navidad.
Estoy segura de que algunos llevábamos un tiempo sin escuchar los clásicos del artista, convencidos de que los temas estaban por ahí, presentes y guardados en algún rincón de nuestra memoria, porque Maldita Nerea es un grupo de vida cuyas canciones acompañan siempre, en todo momento, y que han marcado momentos y épocas trascendentales: Por el miedo a equivocarnos, No podíamos ser agua, No pide tanto, Idiota, El secreto de las tortugas o Mira dentro.





Fotografías: Kike Serrano
Pero en el mundo genial de las cosas que dice, Jorge también le da valor al presente, como demostró al hacer una oda especial a los niños y a la importancia de su cuidado como seres maravillosos que son. Como buen docente y educador, sus mensajes fueron todo un llamamiento de esperanza hacia un futuro mejor, que en palabras del artista, «no puede existir sin la educación».
La Luna, protagonista en muchos de los temas y visuales, iluminaba un escenario sobrio que, junto a una banda en sintonía con el artista, resaltaba la figura de Jorge, sencilla, como siempre, pero directa al corazón.
Todo esto hizo que el palacio se llenara de Cosas que suenan a… fácil, a amor, a luz, a inocencia, a esperanza. Ninguna se quedó en el rincón de las que suenan a triste o a olvidar, como recita una de sus letras más conocidas.




Fotografías: Kike Serrano
Y hablando de amor, mención especial al de su vida, que inmersa entre el público junto a su hijo Bruno, -que cumplía ese día un año más- pudieron ver al líder de las tortugas llenando de luz el WiZink Center, invitándonos a ser luciérnagas con las linternas de nuestros teléfonos.
Pero definitivamente, la mirada de Madrid se hizo grande cuando Jorge nos abrazó con uno de nuestros temas preferidos dejándonos «sin nada que decir, porque nada es importante» cuando él vuelve a nuestras vidas.
Eclecticismo de emociones y nostalgia, sentimientos contrariados pero posados sobre una base de alegría, que se volvió más evidente cuando subieron al escenario sus alumnos más especiales despidiéndose de nosotros de forma Inevitable.
Gracias, Jorge por recordarnos que la vida es mejor con palabras de suerte, especialmente si son las tuyas.
Texto: Adriana Blázquiz González
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