El pasado 16 de diciembre vivimos uno de los conciertos más especiales (y también esperado) del año gracias a Kitai. Nuestros «obreros del rock» favoritos se juntaron con otros «obreros del rock» para regalarnos una velada única y que guardaremos por siempre en nuestra memoria.
Rodeados de amigos, como se debe celebrar un décimo aniversario, salieron al escenario dispuestos a hacernos disfrutar tanto como ellos sobre las tablas. Estaban pletóricos, y es que celebrar diez años de trayectoria en una industria tan compleja como es la industria musical y más hoy en día, no es para menos. Han superado obstáculos, se han superado a ellos mismos, han crecido y nos han hecho crecer con sus canciones, y todo sin tirar en ningún momento la toalla, algo que les honra.


Fotografías: Santi de Mena
Tras una intro muy emotiva, en la que recordaban todo lo vivido y nos agradecían el apoyo que les hemos dado siempre, el concierto empezó por todo lo alto con Pero sí, pero no y A bocajarro, antes de dar paso a la primera colaboración de la noche: Todo me da igual con Gabi de Sexy Zebras. Gabi se integró por completo en la banda anfitriona y junto a Alex y el resto del grupo nos regalaron una versión «sexy», enérgica y descarada de una de mis canciones favoritas de su último trabajo.
La noche proseguía con KFC (a la cual hicimos caso y fuimos a cenar a un KFC para reponer energías tras el concierto), para después continuar con dos de los temas más bonitos de «No Somos Tu P*** Banda de Pop», Hay un sueño y Cometa Halley, con los que lograron emocionarnos a todos. Pero ahí no quedaba la cosa, todavía quedaba mucha noche por delante y era el momento de la segunda colaboración, Pablo Alonso de Pignoise, que se unió a ellos para sorprendernos con Nada que perder antes de echar la vista atrás con canciones antiguas de la banda, como Fuego, Cadáver exquisito o H2O, en su conocido medley, intercalándolo con dos temas de este nuevo trabajo, Zombie y Medio limón, además del solo de bajo de Fabio, que una vez más nos dejó a todos anonadados con su maestría.




Fotografías: Santi de Mena
El concierto subía de intensidad y no había tiempo para el descanso. El final se acercaba pero antes había que hacer una parada obligatoria en este viaje, nunca mejor dicho, ya que Gabriel de la Rosa, de Shinova, salió al escenario para interpretar con ellos El viaje, canción inédita que acaban de lanzar para conmemorar este décimo aniversario, siendo éste uno de los momentos más emotivos de la noche.
Para el final nos habían reservado un gran arsenal de canciones, la mítica Kitai, que demuestra muy bien la esencia de la banda de no rendirse nunca ante las adversidades, Cocodrilo, dedicada al padre de Edu y que compartieron con Hombres G, regalándonos un momento único e inolvidable al verlos juntos sobre el escenario, y Lydia Bosh, que dio lugar a una de las colaboraciones más esperadas de la noche, Arde Bogotá.



Fotografías: Santi de Mena
Los cartageneros hicieron su aparición entre los gritos de júbilo del público, que todo sea dicho, estábamos exhaustos de no parar de cantar, bailar y saltar desde el minuto uno de concierto, y lo dieron todo al grito de «No, no, no, no somos tu puta banda de pop». Antonio, para no variar, estaba desatado, mientras Dani y Pepe compartían guitarra y bajo con Edu y Fabio, respectivamente, y Jota lo daba todo a la batería con Deivhook. Un tándem perfecto que ya pudimos disfrutar, al menos en parte, en Valladolid, cuando Deiv tuvo que sustituir a Jota a la batería en el concierto de Arde Bogotá, como bien nos recordó Deiv antes de presentarlos.
Si pensábamos que ya había terminado tanta intensidad, nos equivocábamos, y es que llegaba el turno de otro de los momentos más icónicos de los conciertos de la banda, cuando sacan la batería para que la sujete el público y Deivhook nos deleita con su solo desde las alturas tras Quierote.


Fotografías: Santi de Mena
Para el bis, se habían reservado el brindis al ritmo de Borracho de amor, con el que todos brindamos con ellos por otros diez años más de música, directos y buenas canciones. Antes de terminar, nos habían preparado una última sorpresa, bueno, dos, mejor dicho. La primera, una sorprendente versión de Escuela de calor, con el que lograron que subiera aun más la temperatura de la sala, y el broche final con Riviera Maya y todos los grupos que habían colaborado sobre el escenario, generando un éxtasis colectivo que terminó con Pepe de Arde Bogotá, descorchando una botella de champán y calándonos a todos con ella como en toda celebración que se precie.


Fotografías: Santi de Mena
Y es que esa noche, en el Teatro Eslava, lo que se celebró, aparte de los diez años de Kitai, fue el amor a la música, a la vida, a la amistad y a compartir vivencias y recuerdos con la gente que queremos. Así que gracias Kitai por dejarnos formar parte de una noche tan especial y por dejar que os sigamos acompañando en vuestro viaje, que sólo acaba de empezar y os llevará tan lejos como vosotros queráis. Como dice vuestra canción El viaje, «no lo sabíamos, éramos ricos».
Gracias también a Josi Cortés y a Vibra Mahou por contar siempre con nosotros. Y siendo ésta la última crónica del año, no me queda más que desearos Feliz año, feliz vida y mucha música, eso siempre.
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